DECLARACIONES PREPARADAS

Declaraciones en la Cumbre Estratégica del Movimiento por una Reforma Migratoria Justa

Permítanme iniciar agradeciendo a Lawrence Benito, el Director Ejecutivo de la Coalición por los Derechos del Migrante y el Refugiado de Illinois, por su amable introducción.

En el breve tiempo que tengo disponible quiero enfocarme en tres cuestiones: Quiero hablar sobre la mancha del racismo en este país, quiero hablar sobre la necesidad de una reforma migratoria real y quiero hablar sobre cuáles acciones ejecutivas aplicaré como presidente para asegurar que tenemos una política migratoria que es sensata y justa.

Como ustedes ya saben, a lo largo de la historia, por alguna razón el racismo ha existido como un mancha en el existir humano. Como muchos de ustedes sabrán, yo perdí muchos miembros de mi familia en Europa ante Hitler y sabemos que por todo este planeta incluyendo a Estados Unidos, incluyendo a América del Norte, el racismo ha estado presente y ha sido causa de terribles, terribles sucesos.

El racismo ha plagado a los Estados Unidos desde su concepción. Las atrocidades cometidas contra el pueblo indígena son inefables al igual que la abominación de la esclavitud perpetrada contra las personas de descendencia africana. Millones de personas han muerto como resultado de ese racismo y esa explotación por parte de un grupo de personas que se creen superiores a otro grupo de personas porque tienen diferente color, o lenguaje o tradiciones. Pero el racismo en nuestro país no sólo ha impactado a los indígenas y a los afroamericanos, como ustedes saben, también ha impactado a personas que han venido de otros países de todo el mundo. El racismo ha plagado a este país por siglos. Sin embargo, debemos enorgullecernos de que en las décadas recientes hemos logrado avances significativos, progreso verdadero para superar el racismo y vencerlo, para crear un país donde juzguemos a las personas, como Martin Luther King, Jr. nos dijo, sin basarnos en el color de su piel, ni en el idioma que hablan, ni en su país de procedencia, sino en su carácter y sus cualidades como seres humanos. Estamos logrando progreso en este país y no habrá marcha atrás, y permítanme dejar muy en claro al decir que nadie, ni Donald Trump, ni ninguna otra persona podrá dividirnos en base a nuestra raza o país de origen. Sí podemos tener una desacuerdo honesto sobre la reforma migratoria, pero no podemos y no debemos tachar a un grupo completo de personas como “violadores” y “criminales”. Ese tipo de racismo, ese tipo de demagogia debe terminar.

América se convierte en una nación mejor, en una nación más fuerte cuando nos unimos como pueblo y le decimos con voz fuerte y clara “no” a todas las formas de racismo e intolerancia. Yo sé una o dos cosas sobre inmigración porque mi papá vino a este país de Polonia a los 17 años, sin un quinto en su bolsillo, sin una educación y sin conocer el idioma inglés. Como otros inmigrantes antes y después de él, mi papá tuvo que trabajar arduamente para poder darle a su familia una vida mejor aquí en Estados Unidos. Él nunca tuvo mucho dinero. Nosotros vivíamos en un departamento de renta congelada con tres y medio cuartos en Brooklyn, New York, pero él trabajó muy duro, mi mamá trabajó muy duro, y pudieron crear las condiciones necesarias para que sus dos niños fueran a la universidad.

Su historia, mi historia, la historia de ustedes, nuestra historia es la historia de Estados Unidos: familias trabajadoras viniendo a este país para crear un futuro mejor para sus niños. Es una historia arraigada en la familia y avivada por la esperanza. Es una historia que continúa hasta este día en las familias a lo largo y ancho de los Estados Unidos. Mis palabras esta tarde estarán enfocadas en cuestiones de relevancia específica a la comunidad hispana pero también son cuestiones importantes para todos los estadounidenses. Pero cuando hablamos de la comunidad hispana — y en sí cuando hablamos de Estados Unidos — una pieza crítica que debe ser incluida es la necesidad de promulgar una reforma migratoria integral.

Hoy, tenemos a 11 millones de personas en este país que están indocumentados, 99% de ellos vinieron a este país para mejorar sus condiciones de vida, para escapar la opresión, para huir de pobreza y violencia desesperantes. Debemor ser francos: los trabajadores indocumentados de hoy en día juegan un papel determinante en nuestra economía. Sin estos trabajadores es muy probable que gran parte de nuestro sistema agrario se desplomaría. Los trabajadores indocumentados están realizando la extremadamente difícil labor de cosechar nuestros cultivos, construir nuestros hogares, cocinar nuestros alimentos y cuidar de nuestros niños. Ellos son parte del tejido social estadounidense.

Once millones de personas que hoy viven indocumentadas vinieron a este país con la intención de alimentar a sus familias, escapar de la violencia de los cárteles y de circunstancias económicas deplorables. Permítanme de nuevo ser muy claro al respecto, esas personas vinieron a este país porque sabían que había trabajos aquí y si alguien cree que los empleadores a lo largo y ancho de este país no sabían que los trabajadores que estaban contratando eran indocumentados, entonces no tienen ni la más mínima idea de lo que ha sucedido en este país los últimos 50 años.

¿Y entonces qué sigue? Bueno, yo apoyé la Legislación para la Reforma Migratoria Integral en el Senado estadounidense. Y es muy cierto que una pieza legislativa tan complicada puede y debe recibir mejoras, pero yo opino que debe existir un camino responsable hacia la ciudadanía para que muchos individuos puedan salir de las sombras, que puedan caminar por las calles con seguridad, que puedan mantener sus frentes en alto, que puedan contar con la protección de la ley y puedan participar completa y abiertamente dentro de la sociedad estadounidense.

El proyecto legislativo en el Senado intentó concretar esta importante meta y hace mucho tiempo que llegó la hora de que la Cámara de Representantes aborde también la reforma migratoria. El proyecto en el Senado contenía provisiones para la Ley DREAM que yo apoyo fuertemente. Es mi opinión que debemos reconocer a esos jóvenes hombres y mujeres que conforman a los DREAMers como lo que son, chicos estadounidenses que merecen el derecho de permanecer en el país que conocen como su hogar.

Esto no quiere decir que yo no tenga críticas profundas en referencia a esta complicada legislación. Yo considero que el camino a la ciudadanía estaba innecesariamente ligado a demandas de seguridad fronteriza, medidas que muchos opinan fueron agregadas para que el camino a la ciudadanía fuera aplazado o incluso negado a millones de personas indocumentadas, y yo quiero cambiar esas provisiones.

También yo opino que las penalizaciones y multas en esa legislación serían una barda para los pobres, esencialmente bloquéandoles el acceso al camino hacia una residencia legal y eventual ciudadanía. Para tener un verdadero impacto, un camino a la ciudadanía necesita ser alcanzable por los millones de trabajadores en el espectro bajo de las escaleras económicas. Esta y otras barreras en la legislación, incluyendo los años — en muchos casos más allá de una década — que tomaría llegar a la ciudadanía la convierten en una pieza legislativa defectuosa y debe ser mejorada.

Como presidente, promulgar una solución legislativa a nuestro disfuncional sistema migratorio será una prioridad primordial. Pero, quiero dejar en claro: yo no voy a esperar a que el Congreso actúe. Al contrario, durante los primeros 100 días de mi administración, trabajaré para aplicar acciones ejecutivas profundas para lograr lo que el Congreso ha fallado en realizar y edificar sobre las órdenes ejecutivas del presidente Obama.

Mientras que el Senado promulgó la Ley DREAM dentro de su proyecto legislativo migratorio, y mientras la Cámara no ha actuado, yo considero que el presidente Obama hizo exactamente lo correcto a través de su orden ejecutiva para la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). DACA y la Acción Diferida para Padres de Estadounidenses y Residentes Permanentes (DAPA) fueron buenos primeros pasos, pero necesitamos hacer mucho más.

Déjenme decirles lo que haré como presidente:

Primero, expandiré las acciones ejecutivas del presidente Obama para proveerle alivio administrativo a los padres de los DREAMers, los padres de ciudadanos, los padres de residentes permanentes, otros miembros familiares y el resto de la población inmigrante que hubiesen podido legalizarse si tan sólo la Cámara de Representantes hubiera accedido a votar por la reforma migratoria.

El crecimiento de la máquina de detención y deportación de migrantes y la expansión de la militarización en la frontera ha perpetuado una serie de políticas injustas y ha resultado en la separación de cientos de miles de familias migrantes.

Como presidente, yo trabajaré para mantener unidas a las familias, no separarlas.

Segundo, dirigiré a los oficiales migratorios para que detengan inmediatamente los procesos de deportación de personas elegibles al alivio. Esto incluiría desmantelar los programas inhumanos de deportación y los centros privados de detención, incrementando el acceso a la justicia y revirtiendo la criminalización de la migración.

En mi opinión, no debemos negarle el camino a la ciudadanía a un padre indocumentado por haber reingresado al país después de haber sido separado de sus hijos o por no tener una licencia de conductor.

Tercero, dirigiré a mi administración para ofrecer tratamiento digno y asilo a las víctimas de violencia doméstica y menores sin compañía procedentes de América Latina, distinguiéndolos como un grupo que está huyendo de la persecución.

Y, cuarto, dejémoslo en claro: el actual sistema migratorio discrimina contra las mujeres, y eso debe terminar. Las mujeres son a menudo quienes proveen el sostén de su familia, pero bajo nuestras políticas migratorias actuales, en muchos casos, se les trata como simples dependientes. Las esposas que vienen a este país con sus familias deben tener el mismo derecho al trabajo que sus esposos.

Estos son sólo los elementos básicos de un grupo más extenso de políticas migratorias que estaré exponiendo en los próximos días con miras a enfrentar agresivamente nuestro fallido sistema de inmigración. Lo más importante es que no podemos y no debemos arrasar con millones de hombres, mujeres y niños — de los cuales la mayoría han vivido en Estados Unidos por años — y arrojarlos fuera del país. Necesitamos un camino a la ciudadanía para que 11 millones de personas salgan de las sombras.

Y eso debe suceder pronto, ya no hay tiempo qué perder.

Muchísimas gracias por darme esta oportunidad para discutir mis opiniones. Espero ahora poder responder sus preguntas.